Por Aris Barkas/ barkas@eurohoops.net
Sreten Radovic puso fin a su carrera tras la final de la Euroliga de la temporada pasada; sin embargo, esto no es el final.
El exárbitro croata sigue en activo como presidente de la UEBO (la asociación de árbitros de la Euroliga), cargo que ocupará al menos durante los próximos dos años.
No obstante, al no estar ya en activo, Radovic puede hablar sin restricciones —algo imposible mientras dirigía partidos— y abordar temas que suelen quedar fuera del alcance de los árbitros en activo, como las críticas que reciben, la percepción de parcialidad y, en este caso concreto, la decisión arbitral sobre Campazzo en la final de la Euroliga del año pasado.
¿Cómo calificaría el nivel del arbitraje en Europa, y concretamente en la Euroliga?
El arbitraje en Europa puede dividirse, por lo general, en tres ámbitos: las ligas nacionales, las competiciones de la FIBA y la Euroliga junto con la EuroCup. Aunque se rigen prácticamente por las mismas reglas y directrices arbitrales, existen diferencias, ya que cada competición tiene sus propias exigencias y prioridades.
No dispongo de información actualizada suficiente para hablar en detalle sobre las ligas nacionales o las competiciones de la FIBA, puesto que llevo varios años sin participar directamente en ellas. Sin embargo, puedo afirmar que la Euroliga es una de las competiciones más exigentes para los árbitros. Esto se debe a la excepcional calidad e inteligencia de jugadores y entrenadores, a la trascendencia de cada partido —especialmente durante los playoffs y la Final Four— y a la apasionada afición, que vive cada instante con sus equipos y, como es natural, percibe las situaciones desde su propia perspectiva.
Considero que el colectivo arbitral de la Euroliga es excepcional. Incluye a algunos de los mejores árbitros del mundo, dotados de una gran destreza y una enorme experiencia. Igualmente importante es el sistema, que fomenta la colaboración entre árbitros, jugadores y entrenadores, en lugar de la confrontación. Es un enfoque que cuenta con el firme respaldo del Departamento de Arbitraje de la Euroliga, la UEBO, la ELPA y la EHCB.
En el baloncesto actual, con entre 10 y 16 cámaras cubriendo todos los ángulos posibles, siempre cabe la posibilidad de detectar errores a posteriori. No obstante, en tiempo real, sobre la cancha y bajo una presión inmensa, nuestros árbitros han demostrado constantemente su capacidad para gestionar los partidos y conducirlos a un desenlace óptimo para todas las partes implicadas.
Nuestros árbitros son auténticos líderes y profesionales de confianza allá donde ejercen su labor. No deben verse simplemente como personas que hacen cumplir el reglamento, sino como profesionales altamente cualificados y una pieza fundamental de la propia competición.
A menudo se utiliza a los árbitros como chivos expiatorios; ¿cree que algunas críticas están justificadas? ¿En qué casos?
Por supuesto, algunas críticas son válidas. Los árbitros cometen errores y, cuando estos son significativos, deben analizarse con honestidad y profesionalidad.
Pero el contexto es importante. Un partido en el que los árbitros cometen 12 errores se describiría normalmente como un encuentro mal arbitrado. Sin embargo, lo que mucha gente tal vez no sepa es que cada árbitro toma aproximadamente 200 decisiones durante un partido, lo que suma unas 600 decisiones para el equipo arbitral en su conjunto. Si 12 de esas decisiones son incorrectas, el equipo mantiene un índice de acierto del 98 %.
¿Aplicamos el mismo criterio a los demás participantes del juego? Aceptamos que los jugadores y entrenadores no pueden ser perfectos; sin embargo, se espera habitualmente que los árbitros alcancen una precisión superior al 95 % y, aun así, se enfrentan a críticas por las pocas decisiones erróneas que toman.
Cometemos errores, tanto pequeños como importantes. Son errores humanos, y seguiremos cometiéndolos independientemente del trabajo y el esfuerzo que dediquemos a mejorar nuestra precisión. Esto no es una excusa; es simplemente la realidad de tener que tomar cientos de decisiones en tiempo real y bajo una enorme presión.
Como dijo una vez una gran figura del baloncesto a los cuatro equipos antes de la Final Four: «No voy a felicitarles por estar aquí, porque ninguno de ustedes se lo merecía». Luego se rio y continuó: «Al menos, según sus rivales y sus aficionados, cada uno de ustedes tuvo suerte o recibió ayuda de los árbitros. ¡Por lo visto, ninguno merecía ganar!».
Los árbitros deben, sin duda, responder por sus decisiones, pero asumir responsabilidades no es lo mismo que servir de chivo expiatorio. La crítica constructiva ayuda a mejorar el arbitraje; la culpa automática tras cada derrota, no.
¿Cómo reacciona cuando sus antiguos colegas de la Euroliga le critican a usted y a otros árbitros en activo, centrándose únicamente en señalar errores?
Depende mucho del propósito y de la forma en que se plantee la crítica.
Los exárbitros poseen un enorme conocimiento y experiencia; cuando esta experiencia se utiliza para aclarar decisiones, explicar o analizar situaciones, educar al público o ayudar a los árbitros actuales a mejorar, resulta sumamente valiosa.
Sin embargo, la crítica debe ser responsable y contextualizarse adecuadamente. Analizar jugadas aisladas con el único fin de señalar errores puede atraer la atención, pero no necesariamente ayuda a la gente a comprender el arbitraje ni a mejorar el juego.
Preferiría ver cómo la experiencia y los conocimientos de los exárbitros se emplean de manera constructiva para formar a los árbitros, jugadores, entrenadores y aficionados actuales. En última instancia, la crítica profesional debería perseguir el mismo objetivo que el propio arbitraje: mejorar el juego y reforzar la confianza en el proceso.
¿Cómo pueden los árbitros cambiar la percepción de que actúan con parcialidad y por qué muchos aficionados piensan así en primer lugar?
Existe una anécdota muy conocida sobre lo que los aficionados consideran un arbitraje justo y equilibrado (al 50%): que el 50% de las decisiones favorezcan a su equipo y el otro 50% perjudique al visitante. Todo el mundo lo sabe.
Los aficionados siempre serán aficionados, y no podemos pretender cambiar lo que sienten por su equipo. No obstante, la confianza no se genera simplemente pidiendo a la gente que confíe en nosotros; se construye con el tiempo mediante la coherencia, la transparencia, la formación y la comunicación. También debemos estar dispuestos a reconocer nuestros errores cuando los cometemos.
Al mismo tiempo, las emociones forman parte del deporte. Tanto jugadores como entrenadores y árbitros las experimentan, especialmente en los momentos decisivos. La forma en que se expresan públicamente esas emociones puede influir en la percepción del arbitraje.
Todos aquellos que tienen voz pública en este deporte —árbitros, jugadores, entrenadores, clubes y medios de comunicación— comparten cierta responsabilidad en cómo se entiende y se debate el arbitraje.
Es un proceso largo, pero ya lo hemos puesto en marcha en la Euroliga junto con jugadores y entrenadores, y creo que hemos logrado avances excelentes en los últimos años. Esta es también un área en la que UEBO pretende desempeñar un papel cada vez más activo: explicar mejor la labor arbitral y ayudar a acercar a los aficionados a la realidad de lo que los árbitros ven, deciden y experimentan en la cancha.
Respecto a la ya tristemente célebre decisión sobre Campazzo, ¿podría explicar por qué hubo una reacción tan fuerte ante una decisión que resultó evidente?
Porque ocurrió en los últimos segundos del partido más importante de la temporada. En esos momentos, las emociones están a flor de piel y la gente suele juzgar la decisión basándose en la emoción del resultado, en lugar de en la acción misma.
Desde la perspectiva arbitral, el principio es sencillo: si una acción constituye falta en el minuto cinco, también lo es en el último segundo. El marcador y el tiempo restante no pueden alterar el criterio.
Viví una situación similar en la Final Four de Berlín hace dos años, aunque en aquella ocasión el resultado fue el opuesto. Así es el deporte: un día ganas, otro pierdes, y las emociones que rodean esos momentos son inmensas.
La fuerte reacción era comprensible desde un punto de vista emocional, pero la emoción no puede modificar los criterios arbitrales ni la decisión correcta en el baloncesto. La coherencia es especialmente importante en los momentos decisivos, ya que es entonces cuando la confianza en el proceso cobra mayor relevancia.
¿Qué les dice a quienes sostienen que, en los segundos finales, los árbitros solo deberían señalar infracciones muy evidentes y dejar que los jugadores decidan el resultado?
Considero que aquí hay dos principios especialmente importantes:
1. Durante todo el partido, los árbitros deben señalar únicamente infracciones o faltas claras y evidentes, sin buscar situaciones dudosas o limítrofes. Su función es garantizar condiciones justas y permitir que sean los jugadores quienes decidan el desenlace.
2. En los momentos finales, los árbitros deben mantener exactamente los mismos criterios que aplicaron durante el resto del encuentro. Los jugadores y entrenadores se adaptan a los criterios establecidos; por tanto, cambiarlos en cualquier fase —y especialmente al final— sería un error absoluto.
Lo que a jugadores y entrenadores suele resultarles más difícil de aceptar no es un criterio exigente, sino la falta de coherencia: que situaciones idénticas no se juzguen de la misma manera en ambos lados de la cancha o en distintos momentos del partido.
El principio debería ser, pues, sencillo: ante la misma situación, la misma decisión, desde el primer minuto hasta el último. Esa coherencia es uno de los pilares de la equidad y de la confianza en la labor arbitral.
¿Cómo sería su proceso ideal para arbitrar un partido con justicia, incluyendo el uso de nuevas tecnologías?
Hoy en día, la tecnología nos ayuda enormemente, ¡pero al mismo tiempo puede complicarnos la vida al máximo!
Antiguamente, con solo cuatro cámaras y material audiovisual limitado, el panorama era muy distinto. Hoy, con 14 o 16 cámaras que cubren todos los ángulos posibles, la experiencia es magnífica para los aficionados, pero supone un desafío enorme para los árbitros.
En la cancha, solo contamos con tres «cámaras» —los ojos de los tres árbitros— y debemos tomar decisiones en tiempo real, sin repeticiones ni cámaras lentas.
El baloncesto no es tenis, natación ni esquí. El criterio humano es una parte inevitable de nuestro deporte y, con él, existe la posibilidad de cometer errores. La tecnología debe ayudar a los árbitros a tomar mejores decisiones, pero no ha de crear la ilusión de que el criterio humano pueda o deba desaparecer del baloncesto.
En situaciones objetivas e indiscutibles —como las líneas de delimitación del campo, el cronometraje, las interferencias sobre el balón (*goaltending*) o si un tiro vale dos o tres puntos—, la tecnología ofrece una precisión muy superior, por lo que la recibo con los brazos abiertos. El desafío consiste en utilizar la tecnología allí donde realmente mejore la precisión, sin convertir cada decisión arbitral en una revisión de vídeo. Debe servir de apoyo al juego, no interrumpir su fluidez ni romper su ritmo.
Ha sido reelegido presidente de la UEBO. ¿Cuáles son sus planes de futuro?
Mi trayectoria en la UEBO comenzó en sus mismos inicios, cuando ejercí como secretario. Tras cuatro años, fui elegido presidente y ahora cumplo mi cuarto mandato, dado que las elecciones se celebran cada dos años.
Hoy en día, la UEBO es mucho más que una organización que negocia condiciones laborales. Nuestra labor tiene tres vertientes: proteger a nuestros miembros, dar a los árbitros una voz relevante en las decisiones que afectan al arbitraje y contribuir a construir el futuro del deporte junto con el resto de los agentes clave.
El nuevo convenio colectivo que acabamos de firmar con EuroLeague Basketball refleja estos tres aspectos. Aporta estabilidad y un marco profesional claro para nuestros árbitros, al tiempo que mantiene el diálogo estructurado entre la UEBO y EuroLeague Basketball sobre la evolución del arbitraje, las condiciones de trabajo y las herramientas a disposición de los árbitros.
También considero importante la perspectiva general. EuroLeague Basketball cuenta ahora con acuerdos estructurados con los jugadores a través de la ELPA, con los entrenadores principales a través de la EHCB y con los árbitros a través de la UEBO. Esto crea un modelo más saludable en el que los principales protagonistas del juego pueden comunicarse, aprender unos de otros y contribuir al desarrollo de la competición.
Los árbitros no deben limitarse a sufrir la evolución del juego; a través de la UEBO, deben tener también una voz respetada y significativa en dicha evolución.
Al mismo tiempo, uno de nuestros mayores retos sigue siendo la percepción pública. Necesitamos comunicar más, explicar mejor la labor arbitral y acercar a los aficionados a la realidad de lo que los árbitros ven, deciden y viven realmente en la cancha. Nuestro proyecto en redes sociales formará parte de este esfuerzo.
Por tanto, nuestra ambición no es solo proteger a los árbitros, sino garantizar que sean respetados, estén representados y sean escuchados allí donde se esté definiendo el futuro del baloncesto europeo.
¿Cuándo decidió retirarse?
Disfruté de cada momento de mi carrera arbitral, que comenzó en 1996; fueron 30 años completos, 25 de ellos a nivel internacional.
Cada etapa importante culminó con un partido especial: en Croacia, con la final entre Cibona y Cedevita; en la Liga VTB, con la final entre CSKA y Khimki; en la Liga ABA, con la final entre Buducnost y Estrella Roja; y en la FIBA, con los Juegos Olímpicos de Río.
Tras participar en cinco Final Four de la Euroliga y arbitrar finalmente el partido por el título, sentí que era el momento adecuado para retirarme estando en la cima y dejar paso a la siguiente generación de árbitros jóvenes y talentosos.
Me sentía física y mentalmente capaz de continuar, pero quería terminar en el momento justo y al más alto nivel. El baloncesto me ha brindado una vida extraordinaria, pero también ha supuesto perderme muchas cosas por el camino. Espero que, ahora que estoy retirado, tenga la oportunidad de vivir algunas de esas experiencias junto a mi familia y amigos.
¿Qué les diría a los nuevos árbitros que se unen a la UEBO o que votan por primera vez?
Nuestra profesión es una de las más gratificantes del deporte, pero al mismo tiempo una de las más exigentes. Construir y mantener la unidad nunca es fácil. Provenimos de culturas y generaciones diferentes, con mentalidades, formaciones y hábitos distintos.
Nunca estaremos de acuerdo en todo, ni debemos esperar estarlo. Una organización sana necesita puntos de vista diversos y un debate abierto. Pero, una vez que se toman las decisiones, debemos recordar qué es lo que nos une: nuestra profesión, nuestros intereses comunes, nuestra pasión y dedicación al arbitraje, y nuestra responsabilidad hacia la próxima generación de árbitros.
Cuando nos mantenemos unidos en esas cuestiones fundamentales, nuestra voz cobra fuerza y nuestra profesión es respetada. Cuando estamos unidos, somos fuertes. Cuando somos fuertes, se nos respeta. Y cuando se nos respeta, podemos conseguir lo que necesitamos y lo que merecemos.
Así pues, sigamos siendo fuertes y mantengámonos unidos para afrontar juntos cualquier desafío. Es la única manera de garantizar que los árbitros sean reconocidos como una parte valiosa y esencial del deporte que todos amamos tanto: el baloncesto.
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