Ergin Ataman, la arrogancia convertida en seña de identidad

2022-05-21T05:55:23+00:00 2022-05-20T17:56:41+00:00.

Alex Madrid

21/May/22 05:55

Eurohoops.net

Con una confianza en sí mismo fuera de lo normal, ha conseguido que el Anadolu Efes alcance su tercera final consecutiva.

Por Alex Madrid / amadrid@eurohoops.net

Belgrado coronará este sábado a uno de los dos equipos que han marcado una época en el baloncesto continental. Por un la do el Real Madrid, que extiende su dominio en Europa a la última década, en la que ha logrado alcanzar cinco finales de la Euroliga de nueve posibles. Enfrente, un Anadolu Efes que ha dejado su marca en un periodo de tiempo más corto, pero también de forma notable y espectacular: tres finales consecutivas, con el gran asterisco de qué hubiera sucedido en 2020.

¿Un punto en común? Por destacar el más evidente, el liderazgo desde el banquillo. Dos entrenadores a los que, quizás, se les sigue haciendo de menos, pero sus éxitos hablan por sí solos. A Pablo Laso le conocemos bien, pero la personalidad -o, mejor dicho, el personaje- de Ergin Ataman sigue causando fascinación.

Fruto de una confianza en sí mismo desmesurada, como si se tratara de una marca registrada, ha convertido la arrogancia en su seña de identidad. Y, lo cierto, es que le ha ido muy bien desde que comenzara su tercera etapa en el Efes.

Tras derrotar al Olympiacos, se encargó de recordar sin riesgo a resultar repetitivo que había alcanzado la final de la Euroliga por tercera vez consecutiva, al tiempo que auguraba su victoria: “El sábado por la noche completaremos la consecución del segundo título consecutivo”. 

No debe sorprender, no es nuevo. De hecho, como si de un vidente se tratara, el Efes va cumpliendo el plan que marcó. Durante la temporada regular o en plena eliminatoria de playoffs, no dejó de repetirlo: “¡Volveremos a tener éxito, seremos los campeones!“, decía ya en marzo. “¡Seremos campeones de nuevo!”, se encargaba de recordar hasta tres veces durante los playoffs. Quizás sólo se equivocó en un pronóstico, pues esperaba volver a enfrentarse al Barça en la final para rememorar su expulsión en el Palau, esta vez con el trofeo entre las manos.

Si Ataman no existiera, sería necesario inventarlo. Especialmente para aquellos que nos dedicamos a juntar letras, pues a veces ni la Final Four se puede comparar al espectáculo que ofrece el técnico turco en una entrevista o en una rueda de prensa sin aparente importancia. En su última muestra, aunque fuera una comparecencia de gran calado, no fue necesario ni que salieran palabras de su boca. Con una sonrisa en la que demostraba ser consciente de sus actos, tocó el trofeo junto a Vasilije Micic para demostrar que el talento de su equipo está por encima de las supersticiones.

No me cabe la menor duda de que Ergin Ataman tiene cada movimiento medido y que cada oración que compone tiene un sentido. Un personaje querido y odiado a partes iguales en Turquía (donde será el próximo seleccionador). Un personaje admirado por sus seguidores y criticado por sus detractores. Pero un personaje que ha dado con la tecla del éxito.

Ataman ha encontrado una manera nada frecuente de motivar a sus jugadores, pues carga un peso excesivo sobre sus hombros, pero al mismo tiempo les demuestra una confianza plena. En un vestuario que ha tenido problemas este año, ha conseguido que vuelva a sentir hambre ante el que puede ser el final de un círculo casi perfecto. Alcanzaron su perfección en la temporada 2019-20, pero la pandemia aplazó un éxito que puede ser doble este sábado.

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