Por Aris Barkas/ barkas@eurohoops.net
El AEK había derrotado a los anfitriones de la Final Four de la Liga de Campeones de Baloncesto y a los vigentes campeones en su camino a la final.
El Rytas, por otro lado, en su primera final sin estar vinculado a la marca Lietuvos Rytas, era el claro perdedor.
Y así transcurrieron los primeros 32 minutos del partido. El AEK, que llegó a tener una ventaja de 20 puntos, llegó a tener una ventaja de 18 al inicio del último periodo, y el Rytas necesitaba un milagro.
Lo que sucedió en los siguientes ocho minutos y en la prórroga de un partido que pasará a la historia, superó la imaginación de cualquier productor de Hollywood.
Si alguien hubiera querido escribir un guion así, probablemente le habrían pedido que suavizara un poco la remontada y la hiciera más creíble.
Sin embargo, al final, el Rytas encontró la manera de ganar un partido que parecía perdido, y lo hizo de una forma que nadie esperaba.
El novato Simonas Lukosius se ganó su lugar y será la estrella de la noche, cerrando el partido con un improbable 70% de acierto en triples, anotando canastas decisivas una tras otra y forzando la prórroga.
El veterano pívot Arturas Gudaitis, que pasó desapercibido durante gran parte del encuentro, protagonizó jugadas clave en los últimos minutos, castigando la línea interior del AEK.
El Rytas jugó como un equipo, aprovechando los desajustes defensivos, y contó con un entrenador, Giedrius Zibenas, que creyó hasta el último segundo que su equipo era capaz de obrar un milagro.
Fue un final a la altura de este hito de la década de la BCL y ya estamos deseando ver la continuación de la próxima temporada.